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jueves, 17 de mayo de 2018

10 COSAS QUE TUS HIJOS NO APRENDERÁN EN LA UNIVERSIDAD


10 cosas que tus hijos no aprenderán en la universidad
Hay valores que se deben llevar aprendidos desde el colegio


Por: AllProDad.com | Fuente: Religión en Libertad 




La universidad es uno de los grandes periodos de cambio. La persona se abre al mundo para más tarde lanzarse a por él. Sin embargo, a veces, esta preparación para la vida se puede torcer entre alcohol, drogas y fiestas desenfrenadas. Pasarlo bien no es nada malo, pero sí lo es excederse y pasar de estudiar.

La universidad enseña muchas cosas, pero hay otras que hay que llevar aprendidas de casa. El portal de consejos para padres (en inglés) AllProDad enseña las 10 cosas más importantes que tu hijo no aprenderá en la universidad.

1. Moral y sentido común
Es imperativo para el futuro que los hijos comprendan, por lo menos de forma básica, lo que está bien y lo que está mal. Lo mejor es enseñar esto con el ejemplo. Los hijos necesitan saber que sin honestidad e integridad no tienen nada.

2. Perseverancia y aguante
Una de las cosas más difíciles de enseñar a una persona joven es que el fracaso no es malo. Su limitada experiencia les impide comprender que el éxito puede estar a la vuelta de la esquina, en el siguiente intento. Siempre habrá problemas, y la perseverancia consiste en no arrugarse ante ellos. Hay que enseñar que siempre habrá una luz al final del túnel.

3. La confianza en uno mismo
Todo el mundo tiene inseguridades. Si permitimos que los complejos dominen nuestra vida, perderemos grandes oportunidades. La confianza crece cuando entendemos nuestras limitaciones, y también sabiendo cuales son nuestras capacidades. Incluso las debilidades se pueden convertir en un punto fuerte cuando se las conoce bien. Hay que asegurase de que el hijo desarrolle su autoestima.

4. Gestionar el dinero
La forma más sencilla de enseñar esto es obligarle a entender el valor del dinero. Es bueno que tengan un presupuesto determinado, y obligarles a vivir conforme a él. Si no aprecian el dinero y lo que cuesta ganarlo, acabarán endeudándose rápidamente. Ayuda que hagan tareas de la casa por dinero, por ejemplo.

5. Hacer amistades y mantenerlas
Lo más importante en este sentido es que sean ellos mismos, y que esperen lo mismo de sus amigos. Si uno de los amigos no es aceptado por como es, entonces la amistad no es verdadera. Los amigos son muy diversos, hay que tener una mente abierta para recibirlos y un corazón amable para mantenerlos.

6. Autodisciplina
¿Podrá tu hijo decir no, aunque esté bajo presión? Con el tiempo, cada persona se responsabiliza de sus propios actos, éxitos y fracasos. La autodisciplina determina también el futuro de los hijos. Aunque depende mucho del ejemplo que den los padres.

7. Fe y valentía
La mayoría de las veces, la salida más fácil es la incorrecta. El buen camino suele ser largo, solitario y oscuro. La valentía y la fe ayudan a seguir por ese camino pese al miedo o las dificultades. Enseñarle a un joven el valor de la fe es cada vez más complicado, pero si se consigue, la huella queda para siempre.

8. Generosidad y lealtad
Si quieres que tu hijo se preocupe solo por sí mismo, no hay más que dejarle solo y ver como la cultura moderna le influye. Sin embargo, si se quiere subir el listón, se le debe enseñar lo contrario siempre que se presente la oportunidad. La generosidad es la habilidad para sacrificarse en favor de la felicidad o el beneficio de otro, y la lealtad es la piedra angular de toda relación.

9. Personalidad propia
Si en la historia no hubiera habido personas únicas, con personalidad propia, la humanidad no hubiera salido de las cavernas. Todo el mundo tiene dones especiales que el resto de personas necesitan. Descubrir esos talentos y desarrollarlos es esencial, no solo en lo personal, sino también en lo social.

10. Encontrar y mantener a un esposo o esposa
El respeto es fundamental en esto. Si no hay un respeto mutuo entre marido y mujer, el matrimonio fracasará. Hay que enseñar a los hijo a escoger un compañero de vida adecuado, al que no solo amen, sino respeten. Alguien con el que compartan valores y tiempo. Con unos cimientos sólidos basados en el respeto, serán capaces de capear cualquier tormenta que ocurra durante sus vidas.

lunes, 7 de mayo de 2018

10 COSAS QUE NECESITO ENSEÑARLE A MIS HIJOS SOBRE DIOS


10 cosas que necesito enseñarle a mis hijos sobre Dios
La educación de los hijos debe estar marcada por un camino de transmisión de la fe (Papa Francisco)


Por: Andrés D' Angelo | Fuente: Catholic-link.com 




Mi primera labor como padre es enviar a mis hijos al Cielo. Son hijos de Dios, y a Él se los tengo que retornar. Con nuestra primera hija, esa misión ya la cumplimos, ella falleció al día siguiente de nacer, pero con los otros tres, el camino es un poco más largo. El apostolado familiar es siempre el primer apostolado de los padres de familia, mucho más importante que cualquier otro apostolado.

Y para que ese apostolado tenga efecto, con mi esposa tenemos que lograr ser maestros de nuestros hijos. No quiere decir que les tenga que enseñar el teorema de Thales o si el Po es navegable… eso lo pueden aprender en la escuela, lo que le tengo que enseñar es que ellos tienen otro Padre, en el Cielo, que los ama y los espera para amarlos para toda la eternidad. Esa enseñanza no es en una “clase de catecismo” (cuando cumplan la edad adecuada para entenderlo), no, es una enseñanza que comienza el día que nacen y termina el día que ellos mismos encuentren su camino hacia Dios, y se lo enseñen a la vez a sus hijos, naturales o espirituales. Y pienso que esa enseñanza sobre quién es Dios, tiene que concretarse en algunas cosas que ellos tienen que aprender sí o sí de papá y mamá.

El Papa Francisco dijo en su Exhortación Apostólica “Amoris Laetitia”:

«La educación de los hijos debe estar marcada por un camino de transmisión de la fe, que se dificulta por el estilo de vida actual, por los horarios de trabajo, por la complejidad del mundo de hoy donde muchos llevan un ritmo frenético para poder sobrevivir. Sin embargo, el hogar debe seguir siendo el lugar donde se enseñe a percibir las razones y la hermosura de la fe, a rezar y a servir al prójimo».

Así que aquí va esta galería, pensando en lo que intentamos con mi esposa transmitirle a nuestros hijos para que conozcan a su verdadero Padre.


1. Dios es amor
Esto se aprende viendo amor verdadero, como el que tienen mamá y papá. El amor de mamá y papá da la vida y Dios es una comunidad de amor que da toda vida. De la ternura de mamá se aprende la misericordia divina, y de la firmeza de papá, la justicia divina. Pero sobre todo se aprende que Dios no deja de amarnos nunca, no importa qué difíciles se pongan las circunstancias.

2. La religión es una relación de amor
Así como mamá y papá aman a sus hijos, así Dios nos ama. Pero para tener una relación de amor, es necesario hablar con el Amado, contarle tus problemas y agradecerle tus alegrías. La religión no es una fría lista de prohibiciones, sino una historia de amor hermosa que hay que cultivar todos los días.

3. Sigues a Cristo
Muchas veces vamos a la iglesia porque hay un gran sacerdote, una monjita buenísima o un consagrado que es un campeón y te trata con cariño. Pero hay dificultades y esos “referentes” nos pueden fallar porque son humanos. No seguimos al sacerdote, a la monjita o al consagrado. Seguimos a Jesús, que nunca falla.

4. Hay gente que no ama a Dios
Y hay gente que lo odia. No han llegado a relacionarse con este Padre Amoroso, porque no han aprendido a amar o porque no les han enseñado que Dios es amor. Hay que escucharlos, comprenderlos y convertirse uno mismo en testimonio del amor de Dios.

5. Puedes dudar
¡Por supuesto que la fe admite la duda! Las dudas sobre la fe siempre se tienen que aceptar y agradecer porque nos permiten profundizar un poco más en esa relación de amor que tenemos con nuestro Padre del Cielo. Todos tenemos dudas, todos tenemos derecho a preguntar y a comprender mejor a Dios. Lo mejor de todo es que ese conocimiento nunca termina, porque Dios es infinito amor.


6. Siempre puedes volver a casa
“Dios no se cansa de perdonarnos”, dijo el Papa Francisco. Y verdaderamente no se cansa. ¿Caíste? ¡Levántate! ¿Volviste a caer? ¡Vuelve a levantarte! ¿Te sientes mal por la caída? ¡Dios te ama por tus “levantadas”! ¿No te puedes levantar? ¡Pídele ayuda a tu Padre! ¡Él ama ayudarte y lo alegras con cada una de tus oraciones!

7. La Iglesia somos nosotros
Los edificios son parroquias, catedrales, capillas, etc. Pero la Iglesia somos todos. Especialmente los más pecadores. Muchos grandes santos comenzaron siendo grandes pecadores y encontraron misericordia en la Iglesia se convirtieron en grandes santos. Es importante alegrarnos, como en el Cielo, por cada pecador que se arrepiente y no por noventa y nueve justos que no necesitan penitencia.

8. No todo es tan sencillo como parece 
Como la Iglesia está formada por pecadores, yo el primero, hay que comprender a la gente antes que juzgarla. Dios actúa en modos misteriosos y pone pruebas a la gente de las que no podemos saber nada. Nuestro primer deber es estar, como decía San Francisco, «más prestos a consolar que a ser consolados», porque no todas las preguntas tienen una respuesta simple y directa.

9. Dios no se deja ganar en generosidad
Cuando somos mezquinos, Dios es generoso. Pero cuando somos generosos, Dios es mucho más generoso. Claro que no siempre su generosidad se traduce en bienes materiales, sino en abundancia de dones espirituales. El Papa Francisco dijo que Dios es tan generoso que su generosidad da miedo, y es que a veces nos asustamos por tanta generosidad, y tememos donarnos a Dios, porque Él es mucho más generoso.

10. Dios no siempre está a la vista
Muchas veces Dios juega “a las escondidas”. Es que muchas veces buscamos los consuelos de Dios y no al Dios de los consuelos. Y entonces Dios se esconde, porque es un Dios celoso y no quiere que lo busquemos por los beneficios que nos da, sino por amor verdadero. Si nos pasa que no vemos la mano de Dios en nuestras vidas, es tal vez porque nos alejamos de su amor. ¡Hay que volver a Dios!


Para revisar en pareja:

¿Nuestro amor es imagen de Dios? ¿Somos buenos modelos para que nuestros hijos puedan ver la misericordia y la justicia de Dios? ¿Ayudamos a nuestros hijos a que tengan una relación de confianza con Dios? ¿Rezamos juntos en familia?

martes, 24 de abril de 2018

LA IMPORTANCIA DE LA ESPIRITUALIDAD EN NUESTROS HIJOS


La importancia de la espiritualidad en nuestros hijos.
5 tips para que nuestros hijos vivan la espiritualidad 


Por: Silvia del Valle | Fuente: www.tipsmama5hijos.com 




El tema de la espiritualidad está muy revuelto en nuestros días ya que existen muchas corrientes ideológicas que se dicen ser espiritualidades, pero que en realidad sólo son manipulación.

Si para nosotros es difícil distinguir todo esto, imagínense para nuestros hijos que están pequeños y tienen inmadura su conciencia.

Por eso es bien importante educar a nuestros hijos en una verdadera espiritualidad y para eso te dejo mis 5 Tips de esta semana.

PRIMERO. Ten claro que es la espiritualidad.

Es importante tener claridad en que la espiritualidad católica es la santidad y los medios fundamentales para crecer en ella: la oración, la liturgia, sacramentos, abnegación, ejercicio de virtudes, etc., siempre bajo la caridad.

Entendiendo esto podemos decir que sólo hay una espiritualidad y muchas formas de llegar a ella o de hacerla vida.

Viendo así las cosas es muy fácil educar a nuestros hijos y guiar a nuestra familia para vivir en esta espiritualidad.

SEGUNDO. Investiga las diferentes opciones de vivir esta espiritualidad que existen.

Y con esto me refiero a los diferentes santos que nos dan su punto de vista y su método particular para llegar a la santidad, por ejemplo, Santa Faustina nos obedece el lado de la Divina Misericordia, Santa Teresa de Jesús nos propone más la contemplación, Santa Teresita del Niño Jesús nos propone su infancia espiritual, Dan Benito nos da su regla de austeridad y Conchita Cabrera de Armida no propone la espiritualidad de la Cruz.

Todos son diferentes caminos que nos llevan a la misma meta, la santidad. Pero no todos esos caminos son adecuados para nuestra familia.


TERCERO. Averigua cómo la puedes llevar a la vida cotidiana.

Para saber un poco más de cada uno, podemos acercarnos a leer la vida y obras de cada santo o también conocer un poco sobre alguna orden o congregación fundada por ellos.

También podemos averiguar si existe alguna rama para laicos que podamos frecuentar.

O haz un plan para aplicar sus propuestas a la vida familiar y así sabremos si somos acordes a tal o cual camino de santidad o carisma.

Recuerda que no todos los carismas son para todas las personas o familias. Bendito sea Dios que existe una gran diversidad de carismas.

CUARTO. Ve si es compatible con tu familia, en especial con tus hijos.

Es importante tener claro que la prioridad es nuestra familia y nuestros hijos por lo mismo debemos buscar carismas que nos permitan vivirlos en familia.

Además, sería adecuado que si tenemos hijos pequeños, tengan opciones para cada edad, así será más fácil vivir ese carisma en familia.

Es una tristeza ver a veces papás muy entregados a su carisma o apostolado pero que dejan huérfanos a sus hijos por nos ser compatibles con la familia.

Nuestro primer apostolado son nuestros hijos y después todo lo demás.

QUINTO. Da testimonio de ella.

Es hermoso ver como cada carisma se arraiga en el corazón y se hace vida en lo personal y en lo familiar.

De esta forma tendremos hijos con una espiritualidad bien formada y arraigada en el corazón que cuando vengan nuevas corrientes no les moverán de sus principios.

Que todo sea para la máxima gloria de Dios.

martes, 13 de marzo de 2018

CÓMO EDUCO EL PUDOR DE MIS HIJOS?

¿Cómo educo el pudor de mis hijos?
La educación debe preparar aquella atmósfera espiritual que hará más fáciles las revelaciones graduales necesarias en su tiempo oportuno


Por: P. Miguel A. Fuentes, IVE | Fuente: TeologoResponde.org 



Pregunta:
Estimados amigos: les pido que me orienten sobre el modo en que puedo educar el pudor en mis hijos. Tengo hijos pequeños y también algunos que ya han entrado en la adolescencia. Espero que me puedan ayudar.
Respuesta:
Estimado:
El pudor es la tendencia a esconder algo para defender la intimidad de las intromisiones ajenas. Es una “cualidad, en parte instintiva y en parte fruto de la educación deliberada, que protege la castidad. Se realiza lo mismo en la esfera sensitivo-instintiva que en la consciente-intelectual, como freno psíquico frente a la rebeldía de la sexualidad”[1]. Santo Tomás dice de él que es un sano sentimiento por el que las pasiones relacionadas con la sexualidad, después del pecado original, producen un sentimiento de disgusto, de vergüenza, de malestar en el hombre, hasta tal punto que instintivamente se quiere ocultar todo lo relativo al cuerpo, a la intimidad y a la sexualidad, de las miradas indiscretas[2].
En el plano puramente instintivo el pudor consiste en una resistencia inconsciente a todo lo que revelaría en nosotros el desorden de la concupiscencia de la carne. El pudor, al ingresar en la esfera consciente entra en la categoría de virtud y se denomina pudicicia[3]. La pudicicia o pudor-virtud “se relaciona íntimamente con la castidad, ya que es expresión y defensa de la misma. Es, por consiguiente, el hábito que pone sobre aviso ante los peligros para la pureza, los incentivos de los sentidos que pueden resolverse en afecto o en emoción sexual, y las amenazas contra el recto gobierno del instinto sexual, tanto cuando estos peligros proceden del exterior, como cuando vienen de la vida personal íntima, que también pide reserva o sustracción a los ojos de los demás y cautela ante los propios sentidos. De esta suerte el pudor actúa como moderador del apetito sexual y sirve a la persona para desenvolverse en su totalidad, sin reducirse al ámbito sexual. No se confunde con la castidad, ya que tiene como objeto no la regulación de los actos sexuales conforme a la razón, sino la preservación de lo que normalmente se relaciona estrechamente con aquellos actos. Viene a ser una defensa providencial de la castidad, en razón de la constitución psicofísica del género humano, perturbada por el pecado original”[4].
La falsificación del pudor se denomina “pudibundez”: es el pudor desequilibrado o excesivo, causado en general por una falsa educación. La pudibundez no hace a las personas castas sino caricaturas de castidad. “La pudibundez es enemiga nata del pudor, como la beatería es enemiga de la religiosidad verdadera y consciente. El espíritu del adolescente se rebela y le molestan las ideas mezquinas y ruines”[5].
La auténtica educación del pudor. La educación del pudor debe ser indirecta, porque una educación directa implicaría necesariamente la orientación de la atención sobre los objetos que justamente el pudor debe atenuar en su atrac­tivo. No obstante, aunque indirecta, debe ser positiva, es decir, debe preparar aquella atmósfera espiritual que además de impedir la degradación en el campo de la sexualidad animal, hará más fáciles las revelaciones graduales necesarias en su tiempo oportuno. La educación del pudor implica:
  • La educación del sentimiento: no puede darse una educación moral eficaz sin un prudente apoyo sobre el sentimiento, es decir, hacer surgir una actitud personal de “sensibilidad” por el bien, por el orden, por la honestidad moral, por la perfección, por la vida vivida como valor humano y moral. La educación de la pureza es, en gran parte, educación del corazón, es decir, de la afectividad. Para educar el corazón, todo se resume en conseguir que el educando se enamore de la virtud y corregir toda desviación anormal del amor sensible que pueda aparecer en él.
  • La educación de la voluntad: el problema educativo consiste en enseñar a querer lo que después se enseñará que es preciso hacer. Es necesario formar la voluntad con la conciencia de los valores trascendentes y absolutos. Ayuda mucho para la gimnasia de la voluntad hacer conocer, sobre todo al adolescente, los motivos y valores de la pureza, y sugerir ideas fuerza que puedan ayudar en toda circunstancia.
  • La educación de la religiosidad: la formación religiosa es fundamental para la pedagogía sexual; para la vida casta, la educación religiosa “es el coeficiente primero y más poderoso, porque los demás coeficientes humanos tienen valor solamente temporal, es decir, mientras perduran los intereses correspondientes en el espíritu del niño. Sólo la religión posee una eficacia que sobrepasa los límites de tiempo, de lugar, de espacio, de ambiente, de circunstancias, con tal que sea sentida, consciente y activa La religión ha constituido siempre para la pedagogía sexual una potencia única. La religión valoriza la pureza y la presenta al joven como una de las virtudes más altas y más hermosas, a la vez que indica los medios para conservarla y defenderla con esmero, con reserva, con la disciplina interior de las imaginaciones y de los deseos, y con la disciplina exterior de los sentidos”[6]. De esto puede concluirse el grave y pernicioso sofisma de quienes piensan que no deben dar ninguna formación cristiana a sus hijos, con el pretexto de no coaccionar su libertad, sino dejar que ellos libremente elijan sus opciones religiosas cuando sean mayores.
En realidad quienes así actúan, optan en lugar de sus hijos: eligen para ellos el paganismo o el ateísmo. Religiosidad, pero no una religiosidad cualquiera; el educador debe convencerse de que no es la piedad formalista la que salva al niño y al adolescente de la seducción de las tentaciones y le ayuda a mantenerse puro, sino la gracia divina recibida, apreciada, vivida con adhesión íntima. Es importante, por eso, tener en cuenta algunos elementos de la religiosidad que más favorecen la vida de pureza en el niño y en el adolescente:
  1. Hay que educar a los niños, adolescentes y jóvenes para que sientan y vivan la amistad con Jesús. Hay que hacerle comprender al niño que Jesús lo ama individualmente y que ese amor debe ser correspondido; que Jesús quiere servirse de él para el apostolado, y, por tanto, debe hacerse digno de esa colaboración apostólica mediante una intensa vida de gracia; que la pureza es un compromiso de amistad y de fidelidad a Cristo, una condición para vivir en sí mismo la vida de Cristo; que la lucha es para él una gloria; que saldrá victorioso si está con Cristo, etc.
  2. Hay que hacerlo apreciar la vida sobrenatural que se nos comunica con la gracia santificante y que se pierde por el pecado mortal; así encontrará la fuerza para renunciar a los placeres ilícitos y para evitar todo lo que, aún remotamente, podría hacerle perder la dignidad y la alegría de ser hijo de Dios.
  3. Hay que ayudarlo a usar provechosamente de los sacramentos. Si se recogen pocos frutos de las confesiones y de las comuniones frecuentes es porque no se ayuda de modo suficiente a sacar provecho de este contacto habitual con la gracia.
  4. Hay que fomentar en él la devoción a María Santísima. Esta devoción no se agota en un montón de invocaciones y prácticas, sino en la confianza plena, en el recuerdo filial y en la imitación constante.
  5. Hay que enseñar al niño a respetar el propio cuerpo como cosa sagrada, como propiedad divina, como miembro del cuerpo místico. Se convence fácilmente de que, si hay que tratar con veneración las cosas sagradas, se deberá tener un respeto aún mayor por el propio cuerpo, que está consagrado por la presencia de Dios y por la comunión eucarística. De la idea de la inhabitación divina será fácil pasar a la de la presencia de Dios: si Dios está dentro, siempre te ve
  6. Finalmente, hay que convencer al adolescente de que la pureza es alegría. Esto no es muy difícil, pues corresponde a una realidad actual, incluso para los niños, los cuales saben por experiencia que el pecado impuro no trae alegría, sino insatisfacción y tristeza.
Bibliografía:
Consejo Pontificio para la Familia, Sexualidad humana: Verdad y Significado, Orientaciones educativas en familia, 1995.
P. Miguel A. Fuentes, IVE
[1]  M. Zalba Erro, Pudor, en Gran Enciclopedia Rialp, tomo 19, Rialp, Madrid 1989, 455-456; cf. Rocco Barbariga, Castidad y vocación, Ed. Herder, Barcelona 1963, pp. 178-209.
[2]   Cf. Suma Teológica, II-II, 151, 4
[3]   C. Scarpellini, Pudore e pudicicia, en Enciclopedia Cattolica, Roma 1953, vol. X, col.296.
[4]   Zalba Erro, loc. cit.
[5]  Paganuzzi, Purezza e puberta, Brescia 1953, p.222. Cf. A. Stocker, La cura morale dei nervosi, Milán 1951, p. 155 ss.
[6]  Paganuzzi, op. cit., p. 249.

lunes, 29 de enero de 2018

EL SÍNDROME DE PETER PAN

El Síndrome de Peter Pan
¿Estamos educando a nuestros hijos para la vida adulta?


Por: Lucía Legorreta de Cervantes | Fuente: yoinfluyo.com 




El llamado Síndrome de Peter Pan está muy extendido en la actual sociedad y paradójicamente se refiere a los hijos mayores, con trabajo bien retribuido y que no se marchan de su casa.

Adultos no independientes

En el ámbito familia, suelen sentirse con el derecho para exigir a los demás cualquier sacrificio, se preocupan excesivamente de su aspecto físico y bienestar personal y se las ingenian para que toda su familia esté pendiente y gire en torno a él.  Sólo con mucha dificultad disculpan cualquier omisión, retraso o error en los pequeños encargos que realizaron a sus familiares y se manifiestan incapaces de tolerar la más pequeña crítica negativa, aunque esté objetivamente fundada.

En el ámbito profesional suelen manifestarse excesivamente hipersensibles ante el hecho de ser evaluados por sus superiores, no toleran la frustración que acompaña a las críticas, a pesar de que éstas estén bien fundadas, reaccionan de forma explosiva o inhibiéndose, ante cualquier pequeña corrección que se le hace, les encanta hablar de sí mismos, de sus logros, éxitos y triunfos hasta la auto-exaltación, les incomoda tener que escuchar lo que otros refieren de ellos mismos y manifiestan una intensa intolerancia e incomprensión ante los defectos ajenos.

En el ámbito social, algunas de las notas que concurren a su caracterización son las siguientes:  no disponen de verdaderos amigos, aunque si de muchos conocidos, el compromiso propio de la amistad les pone nerviosos, sus relaciones sociales son muy inestables y poco duraderas y nadie les parece suficientemente bueno o digno de su amistad,  cambian de parecer súbitamente, de acuerdo a que satisfagan o no sus intensas exigencias en lo relativo a su personalidad, posición social y necesidades y casi siempre exigen un trato y consideración especiales.

¿Habías escuchado esto antes?  ¿conoces a un adulto joven, que presenta estas características?

Pues es algo serio y que está presente en nuestra sociedad. El Síndrome de Peter Pan, ha sido y es estudiado por psiquiatras y especialistas en la psicología, que han visto que en la mayoría de ellos presentan tres rasgos en su biografía infantil:

1. Déficit afectivo: se produce cuando el niño recibe menos afecto y dedicación familiar del que necesita para sentirse querido. También puede producirse como consecuencia de agravios comparativos con sus hermanos, u otros niños que formen parte de su círculo íntimo, en relación a los cuales pueda sentirse inferior o tratado de forma discriminatoria.

2. Déficit escolar: se refiere a la percepción que tiene el niño de que su rendimiento y aprovechamiento escolar no le está permitiendo ganar seguridad ni sentirse competente. Se desarrolla un sentimiento de desconfianza con respecto a sus valores y capacidades.  Ambos déficits tienden a retroalimentarse puesto que los problemas afectivos suelen influir negativamente en el rendimiento escolar y viceversa.

3. Educación permisiva: exceso de protección y falta de límites en que fue educado por sus padres, falta de relación entre esfuerzo y recompensa que lleva a la conclusión que el mejor modo de realizar sus deseos es seguir comportándose como un niño.

Y nos encontramos con hombres que tienen un claro perfil de Peter Pan, el cual:

- Mantiene un alto grado de necesidad afectiva.

- Posee un exceso de egocentrismo y narcisismo

- Tiene escasa resistencia a la frustración.

- Desarrolla poco la capacidad de autocrítica.

- Presenta dificultades para aceptar relaciones simétricas con el otro sexo.

Cada uno de estos rasgos genera unas necesidades básicas correlacionadas, mismas que dan lugar a la problemática que caracteriza su comportamiento:

- Como necesita sentirse muy querido, busca afanosamente el amor sin pararse a pensar si se enamora de la persona adecuada o si la relación es viable.

- Como es egocéntrico y narcisista, necesita sentirse protagonista aunque ello pueda implicar herir o desatender a sus seres queridos.

- Como tiene poca resistencia a la frustración, precisa evadirse de la realidad, lo cual puede conducirle a refugiarse en paraísos artificiales.

- Como se critica poco, tiende a criticar a los demás y desplaza en ellos sus propias culpas y responsabilidades.

- Como no acepta relaciones simétricas, tiende a adoptar actitudes narcisistas y a establecer con sus parejas relaciones de ventaja y poco compromiso.

En definitiva, el hombre Peter Pan es una completa mezcla de necesidades contrapuestas.   Por un lado, necesita sentirse querido y admirado, por otro, tiene dificultades para mantener relaciones estables porque eso significaría actuar con un nivel de responsabilidad y capacidad de autocrítica que no ha desarrollado. Son hombres que prefieren mantenerse en la infancia.

Si estás en esta situación o conoces a un hombre que la viva, acude de inmediato con un profesional que te ayude a aceptar que los adultos también pueden disfrutar placeres y vivir aventuras.

sábado, 27 de enero de 2018

POR QUÉ LOS JÓVENES DEJAN LA IGLESIA?


¿Por qué los jóvenes dejan la Iglesia?
3 tipos de jóvenes que se van; y una necesidad: que puedan preguntar sin miedo


Por: Poli Sanchez | Fuente: Religión en Libertad 




¿Por qué los jóvenes abandonan la Iglesia? Un nuevo estudio que ha durado dos años en Estados Unidos ha descubierto las principales causas del abandono del ámbito religioso entre los adolescentes.

El estudio fue publicado por St. Mary´s Press y el Centro de Investigación Aplicada en el Apostolado de la Universidad de Georgetown (CARA) bajo el título de "Going, Going, Gone! The Dynamics of Disaffiliation in Young Catholics" (Me voy, me voy, me fui. Las dinámicas de desafiliación en los jóvenes católicos). El 74% de los 214 ex-católicos entrevistados aseguró que había dejado la Iglesia entre los 10 y los 20 años.

Preguntas trascendentales desde niños

“Hemos oído que los jóvenes comienzan a tener dudas y preguntas trascendentales muy pronto, entre los 10 y los 11 años, algunos incluso más pequeños”, ha asegurado John Vitek, uno de los principales autores del estudio. Vitek, presidente y director de St. Mary´s Press (www.smp.org), ha declarado a la CNA que esto puede resultar sorprendente para muchos adultos “porque muchos de estos jóvenes nos explicaron que nunca habían hablado de estas preguntas con sus padres o sacerdotes”.

Muchos de los jóvenes ex-católicos entrevistados, un 35% exactamente, se declaran ahora como personas sin afiliación religiosa. Sin embargo, tan solo un 14% se dicen ateos o agnósticos. Estos jóvenes sin afiliación religiosa denominados “Nones” en EEUU son cada vez más numerosos.

Los investigadores del CARA citan otro estudio de 2015 en el que se demuestra que 19 millones de adultos en EEUU se han declarado “Nones” entre 2007 y 2014.

Aunque la gran mayoría de antiguos católicos son “Nones”, Vitek ha especificado que “muchos de los jóvenes que pertenecen a los “Nones” aún siguen creyendo en Dios y buscan una comunidad religiosa a la que afiliarse.

Razones para dejarlo

Los investigadores del CARA han identificado ciertos patrones entre las declaraciones personales de los participantes y han encontrado tres arquetipos entre ellos:

los “heridos”,
los “dejados”
y los “disidentes”.
Los “heridos” son aquellos jóvenes que vivieron algún tipo de tragedia o mala época en la que Dios parecía estar ausente. A pesar de sus oraciones, un familiar suyo murió, o sus padres se divorciaron, por ejemplo. Uno de los jóvenes explicó a los investigadores que, pese a que toda su familia rezó, su abuelo murió de cáncer de pulmón. “Todo el mundo estaba rezando por él, casi más de 150 personas. Cuando vi que no sirvió para nada, me empecé a volver escéptico”.

Los “dejados” son aquellos que tenían problemas para conectar sus creencias religiosas con sus experiencias concretas en el mundo. Acababan preguntándose qué importaba ser católico o no y finalmente dejaban la Iglesia. Los investigadores advirtieron que la influencia del entorno familiar era una de las principales razones de los “dejados” para abandonar la Iglesia. Poco a poco abandonan sus costumbres religiosas y se mundanizan.

Finalmente, es en los "disidentes” en los que los investigadores encontraron un rechazo más activo hacia la Iglesia. Estos jóvenes explicaban que desacuerdos en temas polémicos como los matrimonios del mismo sexo o los métodos anticonceptivos precipitaron su abandono.

¿Y los escándalos sexuales del algunos clérigos, o los abusos sexuales? Cabe destacar que tan solo un 2% dijo haber dejado la Iglesia por escándalos sexuales.

Es importante animar a los jóvenes y adolescentes a plantear sus preguntas con libertad

Un lugar abierto a las preguntas

Sin embargo, estos arquetipos se pueden mezclar. “Un joven puede tener una mala experiencia al principio que les haga sentir mal, o rotos”, ha dicho Vitek. “Después, ese mal sentimiento puede hacer que la persona comience a ser escéptica, y eso, finalmente, lleva a que dejen la Iglesia”.

Los jóvenes ex-católicos tenían distintos grados de unión con la Iglesia. El 28% reconoció a CARA que casi nunca iban a la Iglesia cuando se decían católicos. Tan solo un 17% iba semanalmente. Tres cuartos de los encuestados nunca fueron a un colegio católico. El 87% no piensa volver jamás a pisar una iglesia.

“Esto es cierto”, apuntó Vitek. “Los estudios demuestran que cada vez más gente que abandona la Iglesia Católica lo hace para siempre”.

Sobre qué puede hacer la Iglesia Católica para evitar el abandono masivo de los jóvenes, Vitek recomendó: “Necesitamos crear un lugar donde los jóvenes puedan expresar sus dudas y preguntas sobre la Fe sin miedo a ser juzgados”.

jueves, 11 de enero de 2018

LOS VALORES DE APRENDEN EN CASA


Los valores se aprenden en casa
Los padres somos los primeros y principales educadores de nuestros hijos, es nuestra responsabilidad.


Fuente: Red Familia 





Los valores nos ayudan a ser mejores personas y, en consecuencia, a tener una mejor sociedad. Promovámoslos desde la familia.

Es muy común escuchar la frase: “La educación se aprende en casa”, y nada más cierto que esto. La manera en la que nos comportamos con los demás está relacionada con la forma en la cual fuimos tratados en nuestro hogar. Los padres somos los primeros y principales educadores de nuestros hijos y en la familia es donde se aprende a resolver conflictos, a manifestar amor y a obedecer las reglas.

Es a través de la convivencia en familia como se transmiten los valores, normas y actitudes; es ahí donde nuestros hijos aprenden a tener confianza en sí mismos, a sentirse queridos y valorados. La educación en la familia no se genera de manera automática, para llegar a ella se debe hacer uso de los valores, que son el medio y el fin del acto educativo.

Pero para poder educar en valores es necesario saber qué son los valores. Son cualidades que las personas vamos adquiriendo y que nos hacen ser mejores seres humanos; además, reflejan la personalidad del individuo.

Para que los valores existan debe de haber tres condiciones básicas:

La vida, que no es un valor sino una condición importante, sin ella simplemente no se existe.

La libertad, que es una condición para que los valores puedan ser ejercidos por la voluntad de un ser humano.

El amor, que es una condición superior a la de los valores ya que sin él no tenemos la posibilidad de cuidar a los demás o de desear aplicar un valor a beneficio propio o de otro.

Hay una gran cantidad de acciones positivas que están relacionadas a tres valores fundamentales para una adecuada educación y formación de los hijos:

    Respeto,
    responsabilidad,
    honestidad.


Pero… ¿cómo promovemos que nuestros hijos crezcan con valores? Recordemos que la educación inicia en casa, la escuela solo es un complemento muy fuerte para la educación, pero la responsabilidad es de los padres.

En Red Familia te damos algunas sugerencias que te ayudarán a educar en valores:

1.- Habla con tus hijos sobre la importancia de compartir sus pertenencias.

2.- En ocasiones premia su obediencia: el sentir que aportan algo cuando son obedientes les hará sentir responsables en la colaboración.

3.- Asígnales obligaciones y responsabilidades, esto les ayudará a procesar esfuerzos y límites de participación.

4.- Busca que asuman la consecuencia de sus decisiones y sus actos.

5.-Fomenta la generosidad en ellos, desprendiéndose de cosas que ya no utilizan y que pueden servirle a otros.

6.-Evita darles todo lo que quieren de manera inmediata, es necesario que sufran pequeñas frustraciones para aprender a esperar y ser tolerantes.

Los valores nos ayudan a ser mejores personas y, en consecuencia, a tener una mejor sociedad. Y recuerda, ¡en la formación con valores y en la familia está la solución!

miércoles, 27 de diciembre de 2017

CÓMO EXPLICARLE A UN ADOLESCENTE ALGO DE DIOS


Cómo explicarle a un adolescente algo de Dios
Si eliges que Dios no existe, no leas esto


Por: CoronelPakez | Fuente: Religión en Libertad 




Empecemos por el principio y tienes que elegir: Dios existe o Dios no existe. No hay opciones intermedias, del mismo modo que no hay opciones intermedias para el sistema binario "1-0" de la informática y la inteligencia artificial. El concepto de vaguedad no se puede aplicar a la robótica ni al ser humano porque lleva a un infinito de posibilidades, y la duda es el planteamiento binario por excelencia: preguntar o dudar es exponer y enfrentarse a una elección. No decidirse es inviable en el mismo sentido en que no avanzar es retroceder.

El mundo no deja de moverse.

Volvamos a Dios. Si eliges que no existe, deja de leer ahora mismo. No lo podrás demostrar. Has elegido la fe de no creer. Nadie ha podido demostrar que Dios no existe. Pero punto final. Haz lo que quieras, menos criticar a quienes sí que creen en Dios, porque ellos están como tú: no lo pueden demostrar.

Supongamos que crees en Dios. ¿En qué Dios? Si hay muchos, por definición, no son Dios. Pueden ser dioses, en el sentido de seres espirituales más o menos poderosos y más o menos creados o engendrados o procedentes de algo o alguien.

Si tampoco crees en el mundo espritual, también puedes dejar de leer. Piensa tan solo que la ciencia empírica conoce el 10% escaso del universo; el resto dice que es "materia oscura" para ocultar que no tiene ni idea de qué está hablando.

Si hay muchos dioses, pues, no son Dios en el sentido de causa primera increada de todo lo creado. Que la materia sea eterna es muy improbable porque tiende a la muerte, a la descomposición, a la corrupción -al mal- y a la nada. La energía se transforma hasta que desaparece: un ser humano reducido a polvo tras la muerte deja de ser energía y, por supuesto, deja de ser y de ser humano. El mal, la corrupción de lo vivo -lo bueno-, lleva en consecuencia a la nada. Y la nada no puede crear nada.

Lo vivo es bueno. Nadie quiere morir y todos queremos ser felices. La felicidad ¿qué es? ¿De dónde surge este deseo? ¿La música de Bach está en el piano? ¿La de Clapton en la guitarra? No. Y tampoco está en la partitura. La música existe en la acción de tocar música.

Dios es análogo a la música. El espíritu, también. Las neuronas y la química cerebral son el equivalente del piano, la guitarra o la partitura. La partituta es el ADN, en el caso de los seres vivos.

El espíritu, dice el Dios cristiano, "da la vida, la carne no sirve para nada". Esto es como decir: "el músico hace la música cuando toca, el piano solo no sirve para nada".

Dios, entonces, para ser Dios tiene que ser eterno, infinito, creador e increado; omnipotente y omnisciente; único en su simplicidad, porque si es divisible es corruptible y por lo tanto ya no sería Dios. Dividir, trocear, es igual a morir, a separar cuerpo y espíritu: separar es corromper. El mal es corrupción del bien.
Un bien absoluto -Dios- no puede ser corruptible. Es "1" o es "0", como decía al principio. No hay término medio, ni para Dios ni para la vida. No se está muerto a medias, ni vivo a medias.

Este Dios puede tener muchos nombres pero solo hay tres religiones que lo identifican como único, eterno, infinito y todopoderoso: el judaísmo, el cristianismo y el islam.

Este Dios, siguieno el esquema 1-0, ha dicho: "el que no está conmigo está contra mí". No se está con Dios a medias. Si no se está con Él, bien absoluto o "1", se está con el mal o "0". El mal tiene distintas formas también espirituales, y se llaman demonios.

Estos demonios han tomado y toman diversos nombres a través de la historia: en Babilonia, en Egipto, en Roma o en Cuzco y México; en la India o en Japón. De Anubis a Quetzalcoatl, de Baal a Luzbel; de Gaia a Moloch.

Buscan que se les adore a través de sacrificios humanos -niños, por ejemplo- o prácticas que reducen a la persona a una nada que es un suicidio espiritual: ni sufro, ni amo, ni pienso, ni siento. La nada es "0".

Las técnicas para llegar a esa nada son varias: yoga, reiki, meditación trascendental o drogas; chamanismo, magia -toda es negra- y brujería. En todos estos casos, el espíritu del mal se introduce en la persona y la destruye.

La prueba de que es el espíritu del mal consiste en que, en casos extremos, necesitan exorcismos y tienen reacciones violentas ante la presencia de sacerdotes u objetos sagrados cristianos.

La indeferencia o la burla de lo cristiano es un signo del mal.
Ningún buen creyente de una religión se burla del fiel de otra fe.
Ningún buen creyente desprecia a otro creyente.

Por consiguiente, no existen prácticas espirituales inofensivas e inocuas: o te llevan al Dios único de la paz y del amor, o te llevan a los dioses-demonios del egoísmo, la autosatisfacción, el vicio disfrazado de libertad y la esclavitud del mal.

El universo es binario: 1-0. Mal y Bien. Tú decides

martes, 14 de noviembre de 2017

LA FE SE SIEMBRA EN CASA


La fe se siembra en casa
Consejos útiles que los padres podrían seguir para acercar a los hijos al Catolicismo


Por: Alma Delia Suárez | Fuente: http://www.agenciacatolica.org 




Es lamentable que en muchos hogares, la fe se mantenga aislada, abandonada y olvidada por los miembros de la familia, como si ésta fuera inútil e innecesaria para estar cerca de Dios, o peor aún, para no estarlo. Aunque parece que algunos padres de familia poco interés tienen en inculcar la religión en sus hijos, muchos otros insisten en sembrarla día a día.

Recordando algunas de las palabras del Beato Juan Pablo II respecto a la fe en el hogar de cada familia cristiana, dice que es una comunidad de vida y de amor, la cual tiene una misión: comunicar el amor.

En una entrevista realizada al Padre Hugo Valdemar, vocero de la Arquidiócesis de México, lamentó que por desgracia se ha olvidado que los primeros educadores, en todos los niveles, no sólo en la fe, son los padres de familia, la escuela es subsidiaria de esa obligación y la Iglesia por su parte, es mera auxiliar de los padres, pero los responsables en educar a sus hijos en la fe son los padres.

Los padres deben cuidar la fe de sus hijos, deben abonarla y cultivarla ya que la responsabilidad en primer término es de ellos, no olvidemos que es una obligación moral y religiosa.

La fe es una parte fundamental de la vida de cualquier ser humano, ya que da esperanza, futuro, fuerzas para las adversidades, luz y sentido, nos ayuda a mantener la plenitud; de hecho Cristo, cuando habla de su misión, no dice que ha venido para que tengamos vida en abundancia, ya que ésta no puede ser plena si no está unida a Dios, y como dice San Pablo: “En él existimos, nos movemos y somos.”


Para cultivar la fe en el hogar puede haber cosas muy elementales como encomendarse a Dios desde el inicio del día. Son esas oraciones que debemos enseñar a nuestros hijos para dar gracias al Señor por cada mañana y por la vida, a lo largo del día también podemos tener muchos apoyos de oraciones para acercarnos a Dios, sin olvidar tampoco la asistencia a misa y el rosario. De hecho se recomienda vivir bajo un clima de oración desde el hogar.

Es por ello que me gustaría compartir algunos consejos útiles que los padres podrían seguir para acercar a los hijos al Catolicismo:

Vivir la misa en casa y no sólo en la Iglesia. Si aún sigues creyendo que ser católico es un asunto de asistir a misa los domingos y nada más, te estarás perdiendo de la parte más enriquecedora de ser católico. Habla de Dios y reza en familia todos los días de la semana.

Fomentar un ambiente católico. Debemos crear en nuestros hijos un corazón abierto a la fe católica, lo mejor será que noten claramente que lo que se predica en misa se aplica en casa.

Asumir personalmente el rol de catequizar. Muchos padres esperan que sean los grupos religiosos y las escuelas quienes enseñen a sus hijos sobre la religión. Ahí lo harán valiéndose de recursos pedagógicos que no hay en casa, no hay como poder aprender la historia de la salvación de parte de los propios padres. Ver películas de Dios es un gran recurso.

Llevar a cabo algun apostolado en la familia. Ninguna experiencia ejemplifica mejor las enseñanzas de Jesús que el servicio prestado a los más necesitados.

Rezar por nuestros hijos. Sin importar cual pueda llegar a ser la actitud de los hijos hacia la Iglesia en determinados momentos de su madurez, la oración de nosotros por nuestros hijos siempre será la herramienta más efectiva para solicitarle a Dios que se haga presente en sus corazones.

Revisar nuestros motivos como padres para ser católicos. Si uno no tiene una razón personal clara a prueba de fuego para seguir a Cristo, será poco probable que tengas la pasión por contagiar a los demás de dicho amor a la causa.

Estudiar la religión. No podemos enseñar lo que no conocemos. Así que antes de transmitirles o explicarles a nuestros hijos sobre fe, es necesario estudiarla a consciencia.

Confiar en los caminos de Dios. Si aún resultara que tu hijo necesita un tiempo para analizar su situación personal ante la Iglesia y esto trae como resultado que decida alejarse de la misma, no hay que utilizar la fuerza ni la presión para hacerlo volver. En cambio hay que intensificar su compromiso con nuestra fe, y que nosotros como padres seamos un ejemplo el que lo haga volver.
Recuerda que la fe se abandona constantemente, no pongas como pretexto la edad de los hijos para estar cerca de Dios, todo está en tu forma de acercarlos a Él y en mantener un hogar lleno de fe. Somos privilegiados porque tenemos como ejemplo la Sagrada Familia. La familia es la Iglesia doméstica y la primera responsable de acrecentar y fortalecer la fe en nuestros hijos.

lunes, 23 de octubre de 2017

EDUCA EN LA FE A TUS HIJOS, ANTES DE QUE EL MUNDO LOS DESEDUQUE


Educa en la Fe a tus hijos antes de que el mundo los “deseduque”.
5 Tips para educar a nuestros hijos en la Fe.


Por: Silvia del Valle | Fuente: www.tipsmama5hijos.com 




La educación en la fe es un tema que para muchos ya está pasado de moda o es de poca importancia, sin darse cuenta de que de esto depende la salud espiritual de nuestros hijos y la tranquilidad que puedan tener a lo largo de su vida, ya que les puede permitir tomar las cosas que se les van presentando con sabiduría y tranquilidad, confiando en la providencia y misericordia divina; o las pueden tomar con angustia y estés, como lo hace la mayoría.

Por eso aquí les dejo mis 5Tips para educar a nuestros hijos en la Fe.

PRIMERO. Siempre es mejor desde pequeños.
La mejor educación es la que se recibe desde que los niños tienen conciencia ya que la van viviendo cotidianamente y esto hace que los conocimientos se queden impregnados en el alma de nuestros hijos. Lo mismo pasa con las cosas de la Fe.

Es importante que desde pequeñitos los acostumbremos a ir a la Iglesia, no importa que hagan un poco de ruido y debemos enseñarles como se deben comportar en misa para que poco a poco logren estar tranquilos.

Es bueno también buscar alguna Iglesia en donde haya misa para niños ya que en este tipo de misas las personas que asisten ya saben que encontrarán ruidos, llantos y juegos de los niños y puede ser más fácil para nosotros.

También es muy bueno que desde pequeños enseñemos a nuestros hijos a personarse y algunas de las oraciones básicas como el Padre Nuestro o el Ave María. Para esto existen ahora publicaciones con dibujos grandes y representativos para que nuestros hijos asocien esas imágenes con lo que les vamos diciendo.

Cuando mis hijos eran pequeños hasta les imprimíamos las imágenes y se las dábamos para que la iluminaran mientras rezamos el Rosario.

SEGUNDO. Edúcalos con el ejemplo.
Esto es muy importante ya que la Fe que no es coherente en lugar de educar, fauna a nuestros hijos.

Es importante que aprendan de nuestras acciones más que de nuestras palabras.

Y nuestros hijos nos observan todo el tiempo; observan como reaccionamos ante los problemas, observan que hacemos ante las dificultades y se dan cuenta cuando ponemos a Dios al frente de nuestra vida y le sedemos nuestro tiempo.



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Es importante que seamos congruentes para que nuestros hijos vivan la Fe.

TERCERO. También en la adolescencia.
Este punto es algo controvertido ya que hay muchas personas que dicen que cuando los hijos llegan a cierta edad entre los 14 y 18 años, es necesario dejarlos libres para que ellos escojan en que quieren creer; sin darse cuenta que es precisamente a esta edad cuando nuestros hijos adolecen de una conciencia clara.

Es aquí cuando debemos redoblar las enseñanzas en cuestión de Fe y sobre todo las vivencias de una Fe encaminada a hacer la Voluntad de Dios.

Así podrán decidir después, con una conciencia bien formada, que estilo de vida quieren tener.

Si la influencia de los amigos es tan fuerte, busca que tengan amistades afines a su forma de vivir y de pensar.

Es importante que busquemos que nuestros hijos se desarrollen en un ambiente adecuado y propicio para la vivencia de valores y de la Fe como tal.

Con mis hijos tenemos varios círculos de amistades y ellos ya saben distinguir cual es cual. Esto es muy válido y nos ayuda a que nuestros hijos valoren también los beneficios de estas amistades.

CUARTO. Enséñalos a que den testimonio de su Fe.
Es importante que nuestros hijos sean valientes y no les de pena demostrar que son católicos.

Y para esto es importante que vean que a nosotros tampoco nos da pena tener esas manifestaciones públicas de la vivencia de la Fe.

Es hermoso ver que los niños y jóvenes asisten a misa, rezan el rosario, asisten a grupos católicos de formación y convivencia.

Pero también es hermoso ver que nuestros hijos pueden defender lo que piensan frente a algún profesor o algún compañero de la escuela que les diga que lo malo es bueno. Si lo logran hacer, entonces serán valientes y darán testimonio de sus valores y de su Fe.

Un punto importante que debo decir, es que no es necesario llegar a los golpes para defender la Fe, es mejor se inteligentes y dar testimonio con nuestra propia vida.

QUINTO. Y si no te hacen caso… Reza por ellos.
En toda familia, nunca falta un hijo que pase por una etapa rebelde o de falta de Fe y nosotros como papás debemos estar al pendiente de ellos.

Es importante que les expliquemos las dudas que tengan o que les aconsejemos cuando veamos que tiene problemas, pero llega un momento en que las cosas se salen de nuestras manos y parece que el problema no tiene soluciono.

Es ahí donde debe entra la oración. La oración de una madre por sus hijos es poderosísima y puede arrancarle milagros a Dios.

También es bueno que tomemos en cuenta la intercesión de nuestra Madre del Cielo que siempre está lista para ayudarnos y que bien sabe lo que sufre nuestro corazón de madre por un hijo que tiene problemas.

Cuando las cosas se salen de nuestras manos, es sólo Dios quien puede regresarlas a su cause natural y hacer que nuestros hijos vuelvan a la Fe.

No olvidemos que a Jesús le encanta que le pidamos, pero siempre sabe que es lo mejor para cada uno.

No perdamos jamás la esperanza en Dios y pongamos manos a la obra, educando a nuestros hijos para se peregrinos de este mundo, pero sobre todo para que algún día lleguen a ser ciudadanos del Cielo.
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